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Una revista para todo cristiano · Nº 41 · Septiembre - Octubre 2006
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Claves para el estudio de la Palabra.

1 y 2 Reyes

A. T. Pierson

Palabra clave: Realeza · Versículo clave: 1 Reyes 2:12; 11:13.

Estos dos libros, que también forman uno en el original, relatan el curso de la monarquía comenzando desde su mayor gloria, pasando por la declinación y división hasta la caída final. Bajo Salomón, la realeza llega a su cenit, teniendo el templo como su corona. Gastos y ostentación extravagantes, esposas paganas y adoradoras de ídolos, culminaron con la división del reino y cada una de sus partes acabó en cautiverio y dispersión. Autor: Jeremías.

El intento de Adonías de usurpar el trono abre el primer libro, seguido de la coronación de Salomón, y de las muertes del usurpador, de Joab y de Simei, de la destitución de Abiatar el sacerdote y del establecimiento del reino en las manos de Salomón.

La dádiva divina de sabiduría a Salomón parece haber sido una rara combinación de capacidad mental y sagacidad moral. A las generosas dotes, él agregó significativos conocimientos en ciencias naturales y morales. Sabios como la reina de Sabá vinieron de lejos para oír sus discursos y descubrieron que los hechos excedían a su fama. Sus Proverbios eran maravillas de buen sentido y sabiduría práctica.

Gastos excesivos marcaron su reino. Además del templo, que erigió en Moriah como un santuario de alabastro y oro, edificó un palacio con un trono de marfil y otras estructuras caras; las ciudades, piscinas y obras públicas que construyó sobrepasaron cualquiera otra de su tiempo. Él hizo alianzas con reinos extranjeros y mantuvo un vasto harem. El costo de todo ese esplendor mundano fue elevado y resultó en impuestos pesados. La murmuración del pueblo antecedió a la división del reino bajo Roboam. Judá, parcialmente apoyado por Simeón y Benjamín, permaneció leal a la casa de David; las otras tribus, confederadas bajo Jeroboam, hicieron de Siquem su capital, y colocaron becerros en Dan y Betel para que el pueblo no fuese a Jerusalén para adorar.

Elías y Eliseo, los dos notables profetas del reino del norte, forman un paralelo curioso. Elías aparece súbitamente, un profeta maduro, enfrentando a Acab con reprobación. Hay una atmósfera sobrenatural sobre él, alimentado y guardado por medio de milagros; sus oraciones desatan las lluvias y el fuego del cielo, al cual, finalmente, él subió en una carroza de fuego (el único hombre, excepto Enoc, en ser trasladado). Él es como león, fuerte, severo, un hijo del desierto, viviendo en las cavernas en Orbe, en las grietas de Querit, o en los peñascos del Carmelo. Él entra en la ciudad con vehemente reprensión y parte en soledad ascética. Él se viste de un manto tosco y viene como destructor de ídolos.

Eliseo es su complemento; como una oveja, manso y humilde; habita en ciudades, es urbano y cortés; y es visto entre los hijos de los profetas y ancianos. Él usa ropas comunes y un cayado, es tolerante y benigno, viene para curar y ayudar. Incluso los mismos nombres Elías (Jehová mi Dios) y Eliseo (Jehová mi Salvador) sugieren la diferencia. Uno puede representar la ley y el otro la gracia.

Esta historia muestra la ruina que el falso liberalismo puede traer. La poligamia de Salomón y las esposas paganas lo llevaron a admitir ritos paganos y después a construir altares a falsos dioses contra el templo de Jehová. Esto es la adoración del becerro, que quebrantó el segundo mandamiento, pavimentó la vía que llevó a la adoración a Baal bajo Acab y Jezabel, que quebrantó el primero.

DIVISIONES

1. 1 Reyes caps. 1 - 11: De la coronación hasta la muerte de Salomón.
2. 1 Reyes 12 - 2 Reyes 17: De Roboam al cautiverio de Israel bajo los asirios.
3. 2 Reyes caps. 18 - 25: De Ezequías al cautiverio de Judá bajo los caldeos.

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Tomado de "Chaves para o estudo da Palabra".