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Nº 25 · Enero - Febrero 2004
PORTADA
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Preguntas y respuestas

La sal, ¿pierde su sabor?

Jesús dice que la sal puede perder su sabor. Sin embargo, de acuerdo a la química, es bien conocido que la sal es cloruro de sodio, el cual es siempre estable químicamente. Entonces, ¿la afirmación de Jesús está equivocada?

Cuando Jesús estuvo en la tierra los judíos eran dominados por los romanos. En aquella época la sal era recogida como impuesto por los romanos. La sal de Palestina viene del Mar Muerto o Mar Salado. Por causa de la persecución de los romanos, los judíos siempre colocaban una cierta cantidad de arena en la sal y otras cosas, así que el gobierno romano tenía que purificarla. Colocaban la sal en una tina grande, ponían agua y recogían la solución de sal. Las sustancias sedimentadas (tierra y arena) eran indisolubles.

Ciertamente ese tipo de sal, con gran cantidad de impurezas, pierde el sabor.

Pero esta no es la única razón por la cual la sal perdía su sabor. Se ha comprobado que en la superficie del Mar Muerto, durante la evaporación, la sal química contiene 31% de cloruro de sodio, 13% de cloruro de calcio y 48% de cloruro de magnesio, y otras impurezas. El cloruro de calcio y el cloruro de magnesio son llamados, en química, sustancias higroscópicas (que absorben agua del aire). Así, la sal se disuelve. Esto le da un sabor amargo.

En aquella época, los judíos tenían la costumbre de colocar una gran cantidad de sal en un cuarto, cuyo piso era de tierra. Después de cierto tiempo, la sal que estaba más en contacto con la tierra se deterioraba y se tornaba húmeda, amarga y corrompida. Esta sal que se volvía amarga y perdía el sabor era nociva para el campo. Nadie la usaba allí. Por eso el único lugar donde podían tirarla era en el camino, donde las personas la pisaban.

Conociendo el escenario de aquella época, podemos aprender una lección espiritual muy importante. La sal perdía su sabor porque estaba mezclada con impurezas. En este mundo nosotros somos la sal, pero si permitimos en nosotros mezcla con las impurezas como el mundo, la carne y los pecados, entonces perderemos nuestro sabor y nuestra función como testimonios en el mundo.

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