Estudio Biblico

Lección 8
ABRAHAM
(El hijo)

Génesis capítulos 15 al 25


La primera parte de la vida de Abraham trataba sobre su llamado, y el tema central era la tierra. Esta segunda parte y final trata sobre la posteridad de Abraham, y su tema central es Isaac su hijo.

Fe, promesa y pacto

En el capítulo 15 hallamos a Abraham preocupado porque no tenía hijo. Abraham sabía que el plan de Dios sobre la tierra no podía cumplirse sin él, así que le muestra a Dios su preocupación.

Entonces Dios le hace una promesa y Abraham «creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» (15:6). O, como literalmente dice: «se afirmó en Jehová» (para el cumplimiento de esa promesa). Este versículo señala el punto más crucial en la vida de Abraham. Un hombre pagano, pecador, es declarado justo por la fe. Sólo por fe, que es –como dice H. B. Pratt– «la virtud más rara que se encuentra entre los hombres».

Luego, ante la insistencia de Abraham respecto de la tierra, Dios hace un pacto con él. De acuerdo a la costumbre (Ver Jer. 34:18) unos animales y aves debían partirse por la mitad y colocarse en dos filas separadas. Ambos contrayentes debían unir sus manos y caminar solemnemente por el pasillo.

Esa era la costumbre. Pero en este pacto entre Dios y Abraham ocurre algo extraño. A la hora en que los contrayentes debían sellar el pacto, Abraham está soñoliento y atemorizado. Así que sólo Dios se compromete, pasando en forma de una antorcha de fuego por entre los animales divididos (15:17). ¿Qué significa esto? Significa que el pacto de Dios con Abraham fue un pacto unilateral, es decir, es un pacto de gracia, incondicional, que sólo Dios podía cumplirlo.

Este pacto con Abraham es un antecedente del pacto de gracia (el ‘diatheke’) que Dios haría más tarde en Cristo (Ver Hebreos 8:8-12). Entonces, la víctima que habría de ser sacrificada para establecerlo sería el mismísimo Hijo de Dios. (Mateo 26:28).

En esta oportunidad, Dios anuncia a Abraham siete hechos relacionados con sus descendientes, los cuales hallaron perfecto cumplimiento (15:13-16).1

La lección de la paciencia

El anuncio del nacimiento de Isaac estaba formalizado, pero Abraham habría de sufrir tres pruebas (aparte de las tres que vivió por causa de la tierra), en relación con él.

La primera aparece en este capítulo y fue una prueba de tiempo. Después de diez años de estar en la tierra (Gén. 16:3), Abraham pensó que ya era tiempo de tener un hijo, así que accedió a la sugerencia de Sara y tomó a Agar su sierva por segunda esposa. Así que en el capítulo 15 Abraham nos demuestra su fe; pero en el 16 lo vemos carecer de paciencia.2

Sara le dice a Abraham: «Quizá tendré (me edificaré, hebreo) hijos de ella» (16:2). Sara tiene esperanza de poder edificar su familia a partir de la criada.

Durante 14 años, Abraham pensó que Ismael era el hijo de la promesa. Él no sabía que Dios había planeado que tuviera ese hijo a los cien años. Es por la fe y la paciencia que se heredan las promesas (Hebreos 6:12).

Abraham fue derrotado en ésta su primera prueba, porque pensaba que para sostener la fe era necesario esforzarse. Abraham olvidó que lo importante para Dios no era sólo que él tuviera un hijo sino de quién venía el hijo. El único efecto que tuvieron las buenas obras de Abraham fue Ismael, el hijo nacido según la carne (Gál. 4:29).

La impaciencia de Abraham –como también la de Sara– habría de tener graves consecuencias para ellos y para sus descendientes. Luego de quedar embarazada Agar, Sara trató de zafarse de ella porque la zahería, pero Dios no lo permitió así. Cuando nos equivocamos (y vienen las consecuencias) no nos libramos de ellas practicando la altanería y la violencia, ni menos echando mano a artificios propios. Es preciso cosechar lo que se ha sembrado (Gál. 6:7-8). «Es cosa justa que Dios haga ser instrumentos de nuestro tormento a quienes nosotros hemos hecho instrumentos de nuestro pecado.» (Matthew Henry)

El hijo debía nacer de Sara, porque debía ser una obra de la gracia de Dios. A los 86 años todavía Abraham tenía fuerzas, pero a los cien «estaba ya como muerto» (Rom. 4:19). Así, Dios espera hasta que hemos llegado al fin de nosotros mismos, de nuestras capacidades, y entonces viene Isaac.

La llegada de Isaac era un asunto de tiempo, y Abraham no esperó el tiempo de Dios. Ismael no le servía a Dios, porque era fruto de Abraham y no de Dios. La profecía de Dios en 16:12 ha tenido perfecto cumplimiento: el islamismo ha llenado el mundo de guerras y violencia.3

El significado de la circuncisión

Entre los 86 y los 99 años de Abraham, Dios no le habló. Cuando estamos ocupados en lo nuestro (disfrutando el fruto de nuestras obras) no hay comunión plena con Dios. A la edad de 99 años, Dios se le aparece y hace un pacto con él. La circuncisión es la señal de ese pacto y significaba que el pueblo que saldría de su hijo debía ser un pueblo desprovisto de confianza en la carne. (cap. 17)

La circuncisión representa la cruz (Col. 2:11) que debilita nuestra autoconfianza para poder servir a Dios. El gran problema para servir a Dios no son nuestros pecados (La sangre de Cristo nos limpió de ellos), sino nuestra carne que quiere agradar a Dios. Así pues, «el rasgo que distingue al pueblo de Dios es su falta de confianza en sí mismo.» (W. Nee).

En 17:16 Abraham se entera, por primera vez, que Sara misma daría a luz el hijo prometido. Cuando Dios se lo dice, Abraham rió (Gén. 17:17), porque no tenía la fe suficiente. La fe de Gén. 15:6 parecía más fuerte, pero había sido una fe mezclada: en Dios y en sí mismo. En aquél momento todavía pensaba que él podía llegar a engendrar un hijo. Ahora ya no está en condiciones de eso. Así que ahora puede nacer Isaac.

Abraham, el amigo de Dios

El capítulo 18 es uno de los más preciosos de todo el Antiguo Testamento. «Abraham disfruta aquí de tres privilegios particulares: de ofrecer a Dios algo que le es agradable, de estar en plena comunión con Dios y de interceder por otros delante de Dios.» (C. H. M.)

Abraham alcanza aquí una honra sin igual: la de ser amigo de Dios. Dios viene a su tienda y come con él, luego le cuenta de su propósito de destruir Sodoma y accede a dialogar con Abraham sobre el asunto. («¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer ...?»). Por su separación del mundo, Abraham se hace depositario de los pensamientos de Dios.4, 5

No obstante, la intercesión de Abraham fue insuficiente. Él rebajó la cuota de justos hasta 10, temiendo airar a Dios si seguía bajándola. Notemos que quien dio por terminada la intercesión fue Abraham y no Dios. («...si hablare solamente una vez», dijo, 18:32). No hubo estrechez en Dios, sino en Abraham. A diferencia de Abraham, en Cristo, en cambio, tenemos un intercesor perfecto a la diestra de Dios (Hebreos 7:25).

Por eso, Abraham no pudo evitar la destrucción de Sodoma, sino sólo la de su sobrino Lot y familia.

Lot ocupaba un lugar preeminente en Sodoma (estaba «sentado a la puerta», 19:1), lo cual lo convierte en un tipo del cristiano mundano, acomodado al mundo. El hacerse amigo del mundo le impidió granjearse amigos en el cielo. (Los ángeles no se sentían muy cómodos con él, por eso Lot tuvo que porfiar mucho para que ellos accedieran a posar en su casa, 19:2-3). La consecuencia de la asociación con el mundo fue un forcejeo irrespetuoso en la puerta de su casa con los corruptos sodomitas (19:9) y una esposa con un corazón dividido que finalmente se perdió. (19:26)

La salvación de Lot fue «así como por fuego», llena de temores (19:19-20), y no con la dignidad de uno que camina con Dios. ¡Qué distinta es la situación de Abraham! Luego de la destrucción de Sodoma, Abraham acude a ver desde lo alto el lugar del juicio. Por él no pasaron los juicios de Dios. Él simplemente observa los efectos de la ira de Dios, como un testigo de su cumplimiento. (19:27-28).

El episodio final de Lot con sus hijas (19:31-38) es otra triste demostración de la mezcla del corazón de Lot. Engendra en ellas dos pueblos que habrían de ser como espinas en el costado de Israel.

Una persistente debilidad

En el capítulo 20 tenemos la segunda prueba de Abraham en relación con su hijo. Abraham habita en Gerar y teme (en su incredulidad) a la gente del país. Es arrastrado por el mal porque ha apartado su mirada de Dios.

Lo mismo que en Egipto años antes, Abraham acepta que su esposa le sea tomada, para salvar su propia vida, como si Dios no velase sobre él. Esto trae consigo los reproches de Abimelec, lo cual muestra la triste situación de un creyente que es avergonzado por el mundo. Sin embargo, aunque Abraham, en su debilidad, peca vergonzosamente, Dios no le ha rechazado. Para Dios, Abraham es un profeta y su oración puede quitar la maldición que ha caído sobre Abimelec y los suyos. (20:7).

En Gerar aprendió Abraham una importante lección espiritual: él no debía separarse jamás de Sara. Es verdad que en Mesopotamia habían tomado un acuerdo, y que lo habían realizado en Egipto, pero eso no debía ocurrir más.

¿Por qué? Porque Sara representa la gracia. Abraham representa la fe. Ambas no se pueden separar. La fe que no descansa en la gracia de Dios no tiene valor.

Llegada de Isaac y éxodo de Ismael

Llega el día anhelado: nace Isaac. (cap. 21). Los corazones de Abraham y de Sara se iluminaron con la presencia del hijo de la promesa. Sin embargo, pronto habría problemas. Sara exige el despido de Agar e Ismael y, aunque Abraham lo resiste en un comienzo, Dios le muestra que es su voluntad.

Las razones no las da el relato de Génesis, pero sí lo aclara Pablo en Gálatas 4:21-31, enseñándonos que todo esto tenía un significado tipológico: las dos madres representan dos ciudades, dos pactos, dos naturalezas y dos experiencias en el creyente. Agar es el monte Sinaí (con su ley de obras), que da hijos para esclavitud, y Sara es Jerusalén la celestial, que da hijos libres. Agar también es la ley, y los que dependen de las obras de la ley están bajo esclavitud: Sólo en Cristo somos libertados de la ley al morir juntamente con él (Romanos 7:4); Sara, en tanto, es el pacto de Abraham, que los hace libres.

El hijo de Agar es la naturaleza carnal del creyente. Ismael se mostró bien (aparentemente bueno) hasta el nacimiento de Isaac, pero después «se burlaba de Isaac» (21:9). Así como el nacimiento de Isaac no mejoró la condición de Ismael, tampoco la naturaleza espiritual introducida en el creyente por el «nuevo nacimiento» puede mejorar su vieja naturaleza. Al contrario, más bien la deja al descubierto.

Esto significa que la vieja naturaleza no es susceptible de un mejoramiento gradual, como algunos piensan; su condición es incorregible (Gál. 5:17; Rom. 8:7; Juan 3:6), por lo cual es necesario echar a Ismael, es decir, despojarse de la vieja naturaleza. (Col. 3:9).

La lucha entre las dos mujeres, finalmente, nos habla de la enemistad permanente entre la carne y el espíritu en la experiencia del creyente (Gál. 4:28-29), y entre los que viven por la fe y los que tratan de justificarse por obras. Éstos no tendrán paz y perseguirán a los que son de fe.
Por todo lo anterior, se entiende claramente por qué el hijo de la esclava debía ser echado. Tal como los gálatas habían añadido algo «de la naturaleza» al sacrificio perfecto de Cristo, así también Abraham lo había hecho con respecto a Ismael, por eso éste debía ser quitado de en medio, para que no heredase juntamente con Isaac.

La ofrenda del hijo de la promesa

En el capítulo 22 tenemos la tercera prueba de Abraham en relación con su hijo: la orden de Dios de sacrificarlo. Abraham no sólo fue probado en el amor por su hijo, sino en la realización del propósito que debía cumplirse a través de él. El alejamiento de Ismael podía ser tolerable y comprensible, pero ¿también lo habría de ser la muerte –más que un alejamiento– de Isaac, en quien Dios mismo tenía interés?

Dios le enseñó a través de esta prueba que debía tener siempre puestos los ojos en Dios, el Dador, y no en el don dado por Dios. Dios no es sólo el Dios de la creación, sino también el de la resurrección. (Hebreos 11:19). Hay aquí un valioso principio implicado: «Todo lo que realmente tiene valor para nosotros, aun la obra que Dios nos da, y aun nuestro conocimiento de la voluntad de Dios debe pasar por la muerte a la resurrección.» (W. Nee).

La obediencia de Abraham permitió a Dios representar de manera muy vívida la entrega que Él mismo hizo de su Hijo por los pecados de los hombres. Moriah es un tipo del Calvario. Sin embargo, Abraham no llegó hasta el sacrificio mismo, porque la voz del ángel lo detuvo. Su acto, aunque incompleto, bastó para demostrar la fe que tenía.

¡Que terrible es un cuchillo en la mano del padre para degollar a su propio hijo! Sólo la fe podía justificar el acto que Abraham pensaba realizar. Mackintosh lo dice muy bien: «Despojadle (a Abraham) de la fe y sólo aparecerá en el monte Moriah cual asesino e insensato. Tomad en cuenta su fe, y se nos manifiesta cual adorador fiel y abnegado, cual hombre creyente en Dios y justificado por sus obras.»

¿Fue Abraham justificado por la fe (Rom. 4:3) o por las obras (Stgo. 2:21)? En cuanto a la justificación, la enseñanza de Pablo y de Santiago parecen contradictorias, pero no es así. En ellas hay la más perfecta armonía y complementación. Así lo explica Mackintosh: «Pablo nos proporciona el principio interior, Santiago el desarrollo exterior del principio. Pablo se refiere a la vida escondida, el segundo a la vida manifiesta. El primero considera al hombre en su relación con Dios, el otro lo considera en su relación con sus semejantes. Necesitamos tanto lo uno como lo otro, porque el principio interior no va sin la vida exterior precisamente como ésta no tiene valor ni poder sin el principio interior.» No hay, por tanto, contradicción en Dios.

Abraham dio testimonio, en este episodio, de que estaba dispuesto a perderlo todo por Dios.

Luego de comprobada la fe de Abraham, Dios dio un precioso testimonio de él (Gén. 22:15-18) e hizo una promesa con juramento. (Hebreos 6:13-17).

La nobleza de Abraham

La muerte de Sara trae consigo la revelación de un rasgo notable en Abraham, que a esa altura de su vida luce más parecido al de su Señor. En este episodio muestra una gran honestidad, nobleza y desinterés en su relación con la gente que le rodeaba. En esto es un modelo de conducta para los cristianos.

Los heteos tenían un gran concepto de Abraham (23:6), y le hubieran regalado la tierra que él necesitaba para sepultar a Sara; sin embargo, Abraham no quería ser deudor de ellos (Romanos 13:8). Sólo si pagaba la tierra podría asegurarse que los restos de su amada descansaran en paz hasta el día glorioso de la resurrección.

¿No había sido ella su fiel compañera en los largos años de su peregrinar de fe? ¿No habían sufrido juntos la carencia de un hijo y la esterilidad de sus esfuerzos? ¡Qué enternecedor es, entonces, el rasgo de Abraham al querer honrar a su esposa!

El padre provee esposa para su hijo

Si unimos este capítulo a los dos anteriores hallamos una alegoría de los tres hechos más notables del Nuevo Testamento: el sacrificio de Cristo (el «sacrificio» de Isaac), el desechamiento (parcial) de Israel según la carne (la muerte de Sara, el tronco del cual había salido el hijo) y el llamamiento de la Iglesia (la elección de Rebeca para Isaac).

En este capítulo Abraham (tipificando a Dios Padre) envía a Eliezer, el criado damasceno (que tipifica al Espíritu Santo) a buscar esposa, Rebeca (la Iglesia), para Isaac (Cristo, el Hijo de Dios).

El cuadro es precioso y perfecto hasta en sus más pequeños detalles. Su explicación más detallada la veremos en nuestra próxima lección, cuando estudiemos a Isaac. Aquí sólo destacaremos la figura de Abraham.

La iniciativa de buscar una esposa la toma Abraham, no Isaac. Es Dios Padre quien «edificó», en figura, una esposa para Adán en el huerto (Gén. 2:22), y es el Padre quien también procura una esposa para su Hijo. Como en todas las cosas, el Padre honra al Hijo y lo pone todo bajo sus pies. El Hijo, por su parte, no piensa en sí mismo, sino en honrar a su Padre.

El heredero único

Muerta Sara, Abraham vivió 38 años más. Tuvo otra mujer –Cetura– y otras concubinas. De ellas tuvo varios hijos. (Tuvo 18 años para disfrutar a sus nietos Esaú y Jacob). Pero ninguno de esos hijos heredó junto con Isaac su hijo. A ellos les dio dones y después los envió lejos de Isaac.

Abraham estaba consciente del valor especial de su hijo Isaac. A esta altura de su vida, después de todo lo vivido en torno a su hijo, actuaba y decidía pensando en el posterior propósito de Dios. Abraham vio anticipadamente al Cristo que habría de venir de sus lomos (en cuanto a la carne), y se gozó con ello (Juan 8:56). Luego, la línea genealógica del Ser bendito (en cuanto a la carne) seguiría por Isaac, y no por sus otros hijos.

Abraham toma los resguardos antes de morir, para que ninguno opaque el alto llamamiento y la gloria del hijo de la promesa, el hijo de Sara, la estéril, el hijo que les hizo reír.

***

1 1. Serían extranjeros en tierra extraña (Génesis 46:2-4).
2. Serían siervos en esa tierra (Ex.1:7-14).
3. Su esclavitud duraría como 400 años.
4. Dios mismo juzgaría a la nación esclavizadora (Ex.7-12)
5. Abraham sería librado de todo eso (Génesis 25:7-8).
6. Después de largas cuatro generaciones en Egipto, Israel retornaría a Canaán (Ex. 6:16-20).
7. Israel saldría de Egipto con gran riqueza (Ex. 12:35-36).

2 «Son dos cosas muy diferentes creer una promesa y esperar con paciencia su cumplimiento» (Mackintosh, op. cit.).

3 «Ninguno ha herido tanto al pueblo de Dios y su testimonio o ha peleado contra Dios mismo, como lo ha hecho Ismael.» (W. Nee, en Transformados en su semejanza). La expresión «fiero» con que se le caracteriza en este versículo es, literalmente, «asno montés». En su peregrinación anual a La Meca, los musulmanes reviven la peregrinación de Agar y su búsqueda de agua en el desierto. Esta peregrinación concluye con la conmemoración del sacrificio de Ismael por parte de Abraham (ellos cambian el relato bíblico).

4 Es notable la hospitalidad de Abraham, quien ruega en tres ocasiones «por favor» a los huéspedes en 18:3-4 (según texto hebreo).

5 En los siglos subsiguientes, por medio de la mitología pagana, Satanás se ha burlado de la narrativa bíblica. Por ejemplo, según una historia de Ovidio, escritor latino (murió en 17 d.C.), titulada Metamorfosis, Júpiter, Mercurio y Neptuno visitaron a un anciano que les preparó una comida y recibió respuesta a su oración de tener un hijo. (Truman, op.cit.).

Cuestionario

1. ¿Qué característica fundamental tiene el pacto de Dios con Abraham? (Cap. 15)
2. Abraham tuvo fe pero faltó algo a su fe para que tuviera su obra completa. ¿Qué es? Explique (Cap. 16)
3. La circuncisión es la señal del pacto. ¿Qué significa espiritualmente? (Cap. 17)
4. ¿Cuál es la demostración de la amistad de Dios y Abraham? (Capítulos 18 y 19)
5. Abraham vivió una experiencia propia de un creyente que es avergonzado en el mundo. ¿Cuál es? (Cap. 20)
6. ¿Por qué era necesario, desde el punto de vista tipológico, que Agar e Ismael fueran echados de casa? (Cap. 21)
7. ¿Qué le enseñó Dios a Abraham a través de la prueba del monte Moriah? (Cap. 22)
8. La conducta de Abraham respecto a la sepultura de Sara es un modelo de conducta hacia «los de afuera». Explique (Cap. 23)
9. Explique el papel de Abraham como representativo de Dios-Padre en el cap. 24. ¿Qué hizo Abraham para favorecer a Isaac frente a sus hermanos? ¿Por qué?