Estudio Biblico

Lección 1
LA MARAVILLA DE LA CREACIÓN
Génesis cap. 1


DOS PALABRAS PREVIAS

Al iniciar nuestro estudio de Génesis queremos hacer una oración a Dios nuestro Padre para que nos ilumine por medio del Espíritu Santo, de tal manera que su amado Hijo Jesucristo pueda ser visto en cada página de este precioso libro, y consecuentemente, sea más conocido, amado y mejor servido por su pueblo. ¡Qué así sea! Luego diremos que, deliberadamente, hemos dejado de lado las disquisiciones filosóficas, arqueológicas, antropológicas y aun teológicas (y de cualquier otra índole humana) que suelen hacerse al comenzar el estudio de este magnífico libro, para adentrarnos sin más, con un corazón abierto y sin prejuicios –como el de un niño–, en sus preciosas páginas.

INTRODUCCIÓN

El libro de Génesis ha sido llamado «la sementera de la Biblia», porque en él están referidos los principios de todas las cosas. (Los hebreos le dieron por título la primera palabra hebrea, que significa, precisamente «en el principio»). El libro de Génesis es la base de toda la revelación que tenemos en los otros 65 libros de las Escrituras.

El Génesis guarda una estrecha relación con el Nuevo Testamento. Muchos de los temas que trata, como por ejemplo, la institución del matrimonio, la caída del hombre, el lugar de las obras, el juicio mediante el diluvio, la justificación por la fe, no vuelven a aparecer en el resto del Antiguo, sino en el Nuevo Testamento. La gran verdad central de este libro es la concerniente a la «vida», y en él Dios se ve como Dador de ella.

AUTOR

Normalmente en los estudios bíblicos se discute largamente acerca de el o los probables autores de los libros. Los críticos de la Escritura han levantado muchas hipótesis para atacar la legitimidad de éste y los demás libros de la Biblia. Nosotros no atenderemos tales razonamientos. Simplemente, aceptaremos que toda la Biblia es divinamente inspirada.

En el caso de los primeros cinco libros de la Biblia, conocidos como el Pentateuco, aceptaremos la opinión común de los estudiosos de la Biblia, según la cual su autor material es Moisés (ver Éxodo 24:4, 7; Deut. 31:9, 24-26), y que se basa, además, en el propio testimonio del Señor Jesús (Mc. 12:26; Lc. 16: 29, 31; 24:44). Con todo, el verdadero autor del Génesis, como de toda la Biblia, es Dios. Eso nos bastará.

BOSQUEJO

El libro de Génesis se divide fácilmente en dos secciones: el principio del universo y de la historia de la humanidad (capítulos 1 al 11), y los patriarcas (capítulos 12 al 50). En la primera parte tenemos la obra creadora de Dios y la consiguiente corrupción por causa del pecado. En la segunda parte tenemos el inicio de la recuperación del propósito de Dios, cuya figura central es Abraham, quien es, a la vez, el padre de la raza escogida (Israel), el primer antepasado del Señor Jesucristo según la carne (Mateo 1:1-2), y también el padre de los fieles, quienes obtienen la salvación y la justificación por la fe. Aparte de la biografía de Abraham, en Génesis aparecen las de otros siete patriarcas: Adán, Abel, Enoc, Noé, Isaac, Jacob y José. Todos ellos nos muestran los diversos tratos de Dios con sus hijos, como asimismo la obra de transformación de sus caracteres en la imagen de Cristo.

La perfección del relato de la creación

Este capítulo es uno de los más maravillosos y también enigmáticos de toda la Biblia – porque sus alcances sobrepasan toda capacidad de comprensión humana. Christian Chen, en su libro «Los números en la Biblia» dice: «Usando sólo 76 palabras diferentes, Génesis 1 establece una perfecta apertura para el libro de Dios, y determina todo lo que los hombres deben saber sobre los hechos de la creación ... Sólo Dios podía escribir un capítulo como ése, y lo hizo».

En este mismo libro el autor realiza un estudio del valor numérico de las letras de las palabras hebreas de Génesis 1 llegando a resultados asombrosos, relacionado con el uso de los números 3 y 7, que son los números que representan la perfección de Dios. Por ejemplo, el primer versículo: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra», en hebreo tiene exactamente 7 palabras y 28 letras (4x7). El valor numérico de este versículo es 2701 ó 37x73, un múltiplo de 37, y más que eso, el inverso de 37 (73). «Este un versículo construido sobre un esquema numérico altamente elaborado» – concluye Chen.

Chen ha contabilizado además, que tres veces Dios creó (vv. 1, 21, 27), tres veces Dios hizo (vv .7, 16, 25), tres veces Dios dio nombre a las cosas (vv. 5, 8, 10), tres veces Dios separó o dividió (vv. 4, 7, 18), y tres veces Dios bendijo (vv. 22, 28; 2:3). Además, siete veces Dios vio lo que él había hecho (vv. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7), siete veces viene la respuesta: «Y vio Dios que era bueno». Siete veces Dios da órdenes: «Haya». 1

La escena descrita en Génesis capítulo 1 es grandiosa. El hombre siempre ha quedado abrumado por la grandeza del universo. A medida que la ciencia ha logrado penetrar, aunque pálidamente, en los secretos del cosmos, el creyente ha encontrado más y más razones para alabarle por su grandeza 2. C. H. Mackintosh lo dice así: «Se nos presenta a Dios en la plenitud de su poder infinito y en la grandeza solitaria de actos sublimes e inconmensurables ... Parece que le oímos en esos momentos solemnes en que rompe el silencio mundial y, alumbrando las tinieblas del caos terrestre con la presencia de su rostro, proclama su propósito de preparar una esfera en la que pueda desplegar con toda amplitud su poder y majestad eternos.» (En Estudio sobre el libro del Génesis).

Himnos de la creación

El pasaje de Job 38:4-7 se podría calificar como «Un himno de la creación»: «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular, cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?». Aun el gran pasaje de los capítulos 38 al 41 de este mismo libro lo es. Otros pasajes de las escrituras también lo son: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1). «Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio» (Isaías 40:26) 3.

El origen del universo

Pese a lo que digan los incrédulos y ateos, los hijos de Dios aceptamos todo este magnífico relato de Génesis por la fe: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.» (Hebreos 11:3).

Gén. 1:1. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». Este versículo nos introduce directamente a la presencia de Dios. No hay argumentos que prueben su existencia. Él es el sujeto de la primera frase de este libro y es quien domina todo el capítulo.

Gen. 1:2 dice: «... estaba desordenada y vacía». Debería decir «se volvió» (igual que en Gén.19:26). Esto da cuenta de los efectos de la rebelión de Satanás y una parte de los ángeles. (Is. 14:12-15; Ez. 28:12-19). En Gén. 2:4 se sugiere esto mismo cuando habla de dos «creaciones». (Ver Is. 45:18). ¡Qué importante es esto para entender el desarrollo posterior del propósito de Dios y la historia del hombre! (Se desarrolla más ampliamente en el anexo 1).

Luego de dar cuenta del origen del universo en los versículos 1 y 2, a partir del versículo 3 se presenta el relato desde un punto de vista geocéntrico, es decir, teniendo como centro la tierra. Nada se dice de otros procesos creativos (ángeles, por ejemplo).

La semana de la creación

La creación fue acabada en un período de seis días. Estos seis días se dividen en dos veces tres días. Los tres primeros contienen obras de división, y los segundos, de creación y adorno. ¿Qué duración tuvo cada uno de esos días? Hay dos razones que nos permiten concluir que no se trata de días de 24 horas, sino de períodos tal vez más largos. Primera, el sol fue creado recién al cuarto día. Segunda, la palabra «día» de 2:4 se aplica a todo el período de la creación.

Primer día (1:3-5). La luz. El contraste «día-noche» es un tipo de los hijos de luz e hijos de las tinieblas (Gén.1:4; Ef.5:8; 1ª Tes.5:5).

Segundo día (1:6-8). El cielo (la atmósfera de la tierra) (los versículos 9 y 20 lo confirman).

Tercer día (1:9-13). El mundo vegetal.

Cuarto día (1:14-19). La lumbreras. Éstas ya existían desde el momento de la creación, pero ahora empiezan a funcionar en cuanto a su relación para con la tierra. Las lumbreras servirían primeramente como señales, anunciadoras de los juicios de Dios (Mateo 24:29) e indicadoras de los cambios del tiempo (Mateo 16:2-3).
El sol y la luna son tipos de Cristo y la iglesia. «En la noche de este mundo, la luna alumbra. El mundo no ve a Cristo, pero ella sí, y es su deber reflejar sus rayos sobre un mundo entenebrecido. La luz de la luna no le es propia. Tampoco lo es la de la iglesia. Ella es simplemente receptora de la luz, para reflejarla.» (Mackintosh: Génesis).

Quinto día (1:20-23). Criaturas del mar y del aire.

Sexto día (1:24-31). Los animales terrestres y el hombre. Un consejo de la Deidad precede a la creación del hombre, he ahí el primer rasgo de su dignidad.

Dios crea al hombre a Su imagen, la cual es Jesucristo (Col. 1:18). El propósito de Dios al crear al hombre fue tener a muchos como su Hijo amado (Romanos 8:29).

Además, Dios crea al hombre para que señoree sobre la creación. (1:26, 28). Esto, por causa de que Satanás había pecado rebelándose contra Dios (Isaías 14:12-15). Dios retiró su autoridad del enemigo y la puso en manos del hombre. Así que el hombre debía gobernar en lugar de Satanás. Su jurisdicción era «toda la tierra». La débil criatura del Edén debía hacer ese trabajo, y aun vencer al enemigo de Dios. ¿Lograría hacerlo? Los documentos anexos nos ayudarán a ver la importancia que Dios le dio a este acto creativo, como también el propósito que Dios tuvo al crearlo. Como se puede muy bien suponer, tales asuntos son lo suficientemente amplios como para ameritar un estudio mucho más detallado y aun profundo que éste. Dada su importancia, necesitaremos una gran ayuda de nuestro bendito Dios para comprenderlo bien.

El Creador oculto tras la escena

Aunque el Señor Jesucristo no aparece mencionado en Génesis 1, su lugar en el momento de la creación aparece claramente señalado en otras Escrituras (Proverbios 8:22-29; Hebreos 1:2; Juan 1:1-3, 10; Colosenses 1:16-17; 1ª Corintios 8:6). Toda la creación fue hecha por Él y para Él. No podríamos entender el por qué y para qué existen todas las cosas si no viésemos el lugar que ocupa el Señor Jesucristo en el Plan y el propósito de Dios. («El Padre concibe el plan y el Hijo es el que procede a crear. El Padre planea conforme a su voluntad, y el Hijo aprueba y crea, y el Espíritu Santo presta la energía para que se lleve a cabo. El Hijo es el Creador de todas las cosas, es «el primogénito de toda creación» (Col. 1:15) ... una vez que la obra de la creación ha sido realizada, toda esta creación es entregada al Hijo. El motivo de que todas las cosas sean creadas es el satisfacer el corazón del Hijo.» (Watchman Nee: El Plan de Dios). ¡Qué hermoso es poder ver a Jesús donde otros no le ven!

1 Cliff Truman, por su parte, demuestra cómo en este primer versículo tres errores humanos son destruidos: 1) El Ateísmo, que afirma que Dios no existe; 1) El Panteísmo, que afirma que todo es Dios; y 3) El materialismo, que afirma que sólo existe la materia. En tanto, en los dos primeros versículos de Génesis se encuentran –agrega Truman– cinco conceptos básicos que estudia la ciencia: Tiempo – «En el principio»; espacio – «los cielos»; materia – «la tierra»; fuerza – «el Espíritu de Dios»; acción – «se movía» (En Génesis).

2 «Los científicos revelan que nuestra galaxia contiene más de 100 mil millones de estrellas, y que nuestro sol está a 250 billones de kms. del centro de nuestra galaxia. Nuestra galaxia pertenece a una pequeña agrupación de 19 galaxias, la más cercana de las cuales está a 30 millones de años luz (280 trillones de kms.) ... Existen más de mil millones de galaxias. La estimación de la cantidad de estrellas en estas galaxias ronda los 100.000 billones. El poder luminoso de una galaxia es igual a 400 millones de soles ... A la luz de todo esto, el hombre reverente se inclina ante el Creador en maravilla y genuina dedicación, y derramada adoración, alabanza y acción de gracias sin restricciones.» (Comentario Bíblico Moody).

3 «Esta maravillosa historia de la creación está reproducida notablemente en forma de una serie de cuadros panorámicos en el Salmo 104» (A. B. Simpson: Cristo en la Biblia, Génesis y Éxodo).

Cuestionario

1. ¿Qué estrecha relación hay entre el Génesis y el Nuevo Testamento?
2. ¿Qué participación tuvo el Señor Jesucristo en la Creación?
3. ¿Qué simbolizan el sol y la luna en Génesis 1? ¿Por qué?


ANEXO N° 1: El plan y el reposo de Dios
El plan de Dios en la creación del hombre

 

¿Por qué creó Dios al hombre? ¿Cuál era su intención al crear al hombre? Dios nos ha dado su respuesta a esta pregunta en Génesis 1:26-27. Estos dos versículos son de gran importancia. Nos revelan que la creación del hombre por Dios era un hecho extraordinario. Cuando Dios necesitó luz, dijo sencillamente: «Sea la luz». Cuando él necesitó aire, dijo: «Sea el aire», y todo se verificó exactamente según su palabra.

La creación del hombre no fue tan sencilla. Precisó de un diálogo en lo íntimo de la deidad. Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra ...» (Génesis 1:26). Esto es lo que Dios proyectó en su coloquio divino para la creación del hombre. Dios dijo: «Hagamos ...». Estas palabras nos revelan lo que se discutió en la deidad. Ellas nos muestran el modelo que él tenía acerca del hombre que pensaba crear.

Después, el versículo 27 nos revela la creación del hombre por Dios: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» Y el versículo 28: «Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.» Este versículo nos da a conocer lo que Dios pretendía: un hombre que señorease, que llegara a reinar sobre esta tierra (...)

Ese hombre que Dios creó no sólo tenía Su semejanza, sino también Su imagen (semejanza en cuanto a lo externo, e imagen en cuanto a lo interno). Dios no deseaba sólo la semejanza externa del hombre, sino que éste, allá en lo íntimo, poseyera su imagen de modo que compartiera con Él el mismo sentir, la misma sensación íntima, la misma manera de vivir, y la misma naturaleza santa, para que quien entrara en contacto con el hombre, percibiera la naturaleza de Dios. Esto fue la resolución que se tomó en el diálogo de la Deidad.

¿Cómo creó Dios al hombre? Dios lo creó a Su propia imagen. Dios quería un hombre que se le pareciera. Es evidente que el hombre tiene una posición singular en medio de la creación de Dios, ya que de todas las criaturas de Dios es el único que fue creado a imagen de Dios. Aquí notamos algo importante. En el versículo 26 dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza ...» En cambio, el versículo 27 dice: «Y creó Dios al hombre a Su imagen, a la imagen de Dios lo creó ...»

En el versículo 26 el pronombre está en plural; en cambio en el 27 «Su» está en singular. Gramaticalmente, cuando en el diálogo de Dios, en el versículo 26 dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen ...» parece que en el versículo 27 debiera decir: «Y creó Dios al hombre a la imagen de ellos ...» Pero, cosa extraña, en el versículo 27 dice: «Y creó Dios al hombre a Su (¡singular!) imagen ...» ¿Cómo podemos explicar esto? Esto es así porque en la deidad sólo uno tiene la imagen: el Hijo. De ahí que cuando la deidad decidió la creación del hombre dijo que el hombre fuera hecho a nuestra imagen. Por ello, cuando la deidad se encontró con la realidad de hacer al hombre, dice que el hombre fue hecho «a Su imagen» (singular). «Su» se refiere al Hijo. De ahí podemos deducir que Adán fue hecho a imagen del Señor Jesús. Adán no fue antes que el Señor Jesús, como se puede suponer históricamente, más bien fue el Señor Jesús quien existió antes que Adán (Col. 1:18) (...)

El propósito de Dios, que es conseguir un grupo de hombres que sean como Su Hijo, lo encontramos al leer Romanos 8:29: «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.»

Dios anhela tener muchos hijos, y desea que éstos sean como Su Hijo unigénito. Entonces Su Hijo ya no será más el unigénito, sino el primogénito entre muchos hermanos. El deseo de Dios es conseguir tal grupo de hombres. Cuando nosotros veamos esto, nos daremos cuenta del valor precioso del hombre y saltaremos de alegría cada vez que el hombre sea mencionado. ¡Cuánta importancia da Dios al hombre! ¡Incluso Él se hizo Hombre!

El plan de Dios es conseguir el hombre. Cuando se obtiene el hombre, el plan de Dios se cumple. El plan de Dios se cumple por medio del hombre, y por medio del hombre queda satisfecha Su necesidad.

¿Qué es pues lo que Dios desea ahora del hombre que creó? ¡Que éste reine! Cuando Dios creó al hombre, no lo predestinó para caer. La caída del hombre está en el capítulo 3 de Génesis, no en el capítulo 1.

En el plan de Dios de crear al hombre no estaba previsto que el hombre pecara; tampoco Dios había determinado de antemano la redención. En tal caso, entonces sí, el hombre hubiera tenido que pecar. En cambio, en el plan de Dios de crear al hombre, éste estaba destinado para reinar. Esto nos revela Génesis 1:26. Aquí Dios nos muestra su deseo y nos confía el secreto de su plan. Aquí está el propósito de Dios en la creación del hombre. Quizás algunos se pregunten: ¿Por qué tendrá Dios semejante propósito?

El motivo es éste: que antes de la creación del hombre, un ángel de luz se rebeló contra Dios y se convirtió en diablo. Satanás había pecado y cayó. El «Lucero de la mañana» pasó a ser el enemigo de Dios (Isaías 14:12-15). Por eso Dios retiró su autoridad del enemigo y la puso en las manos del hombre. El motivo por el que Dios creó al hombre fue que éste debía gobernar en lugar de Satanás.

¡Qué sobreabundancia de gracia se percibe en el acto creador de Dios! Pero el deseo de Dios no sólo era que el hombre gobernara, sino que lo hiciera en una jurisdicción particular.

Lo vemos en Génesis 1:26: «Señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra ...»
«Toda la tierra» es la jurisdicción de la soberanía. Dios no sólo le concedió señorío sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos y sobre las bestias, sino que además quiso que el hombre señorease en «toda la tierra».

El hombre tiene una relación especial con la tierra. Después de la creación se le dijo claramente que él señorease sobre toda la tierra. Los versículos 27 y 28 dicen: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread ...»
Dios pone el énfasis en que el hombre llene la tierra y la someta.
Es sólo en segundo lugar que el hombre debe señorear en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todo ser viviente que hay sobre la tierra. El señorío del hombre sobre estas otras cosas es por añadidura. Lo principal era la tierra.

 

El problema está en la tierra

 

Veamos Génesis 1:1-2. Estos versículos se hacen más claros cuando los traducimos directamente del hebreo. En el idioma original, el versículo 1 dice: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra ...» Aquí «los cielos» está en plural, y se refiere a los cielos de las estrellas. (La tierra tiene su cielo y así también las estrellas).

La traducción directa del versículo 2 dice: «Y la tierra se volvió (no «estaba») desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo ...» En hebreo, antes de «la tierra» también hay la conjunción «y». «En el principio creó Dios los cielos y la tierra ...» Hasta aquí no hay ninguna dificultad, ningún problema; pero después sucedió algo: «Y la tierra se volvió desordenada y vacía ...»

La palabra «estaba» de nuestra traducción de Génesis 1:2 y la palabra «se volvió» de Génesis 19:26 en donde la mujer de Lot se volvió estatua de sal, son la misma palabra. (En este último caso simplemente varía la forma del femenino).
La mujer de Lot no nació como una estatua de sal, sino que se volvió estatua de sal. De la misma manera, la tierra tampoco estaba desordenada y vacía en el momento de su creación, sino que más tarde se volvió desordenada y vacía. Esto nos demuestra que el problema no estaba en los cielos, sino en la tierra.
Así pues, aquí vemos una cosa: que la tierra es el centro de todos los problemas. La tierra es aquello por lo cual Dios lucha. (...)

Después de la caída, Dios dijo a la serpiente: «Sobre tu pecho andarás y polvo comerás todos los días de tu vida ...» Esto significaba que la tierra sería el campo de acción de la serpiente por cuanto andaría arrastrándose. El campo de acción de Satanás no es el cielo, sino la tierra. Cuando venga el reino de Dios, entonces Satanás tendrá que ser echado fuera. Entonces se hará la voluntad de Dios en la tierra. Cuando el nombre de Dios sea santificado, entonces tendrá que ser santificado en la tierra. Todo el problema está en la tierra.

En Génesis hay dos palabras muy significativas. Una de ellas la encontramos en Génesis 1:28 y es la palabra «sojuzgar», que también puede ser traducida como «someter», «sujetar», «dominar», etc. La otra palabra está en Génesis 2:15 y es «guardar», la cual también puede traducirse como «custodiar». Por estos versículos podemos ver que Dios destinó al hombre para conquistar la tierra y custodiarla (vigilarla). El propósito original de Dios era dar la tierra al hombre como lugar de su morada. No estaba en su pensamiento que la tierra se volviera vacía (Isaías 45:18). Lo que Dios quería era que por medio del hombre no se diera ningún permiso a Satanás para introducirse furtivamente en la tierra. Pero el problema era que Satanás ya estaba en la tierra y se proponía hacer una obra de destrucción. Por eso Dios quería que el hombre recuperara la tierra de manos de Satanás. Pero tenemos que fijarnos en algo más. En rigor, Dios esperaba que el hombre no sólo volviera a tomar la tierra, sino también el cielo vinculado con la tierra. Las Escrituras hacen una distinción entre «los cielos» y «el cielo». Los cielos es el lugar en donde se halla el trono de Dios, en donde Dios puede ejercer su autoridad, mientras que «el cielo» (singular), a veces, en las Escrituras, se refiere al cielo de esta tierra. Este cielo es el que Dios también quiere recuperar (ver Apocalipsis 12:7-12).

Alguien se preguntará: ¿Por qué Dios mismo no echa a Satanás al abismo de fuego? ¡Indudablemente que Dios podría hacerlo! No sabemos por qué no quiere hacerlo él mismo, pero sí el modo de lograrlo. Dios quiere utilizar al hombre para proceder contra Su enemigo, y él lo creó con este objetivo. Dios quiere que la criatura actúe contra la criatura. El hombre que Él creó será utilizado para esto.

Si leemos Génesis 1:26 con atención, parece que la frase terminara en «y en toda la tierra ...», pero hay otra frase más: «Y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.» Aquí podemos ver que aquello que se arrastra ocupa un lugar muy importante, pues Dios habla de ello una vez que ya ha mencionado «en toda la tierra». Con ello queda expresado que si el hombre debe señorear en toda la tierra, no podrá perder de vista al «animal que se arrastra», pues el enemigo de Dios se ha encarnado en aquello que se arrastra. La serpiente de Génesis 3 y los escorpiones de Lucas 10 son seres que se arrastran. Aquí no sólo hay la serpiente, la cual representa a Satanás, sino también los escorpiones que representan a los malos espíritus, pecadores e inmundos. El territorio de la serpiente, así como el de los escorpiones, es esta tierra. Todo el problema está en la tierra.

Por lo tanto, tenemos que distinguir entre la obra de la salvación de las almas y la empresa de Dios. En muchos casos la obra de salvar almas no es forzosamente la empresa completa de Dios.

 

Llamado para ejercer autoridad

 

Salvar almas resuelve el problema del hombre; en cambio, el propósito final de Dios es que el hombre ejerza autoridad para tener dominio sobre todas las cosas que Dios ha creado. Dios necesita una autoridad en su creación y ha elegido al hombre para ello.

Mientras el hombre no haya recuperado la tierra de manos de Satanás, no ha cumplido aún el propósito que Dios tenía al crearlo. La salvación de las almas a menudo sólo se ha hecho en vistas al provecho del hombre, pero enfrentarse a Satanás redunda en provecho de Dios. Hermanos, esto supone pagar un precio.

Sabemos que los demonios pueden hablar. Una vez un demonio dijo: «A Jesús conozco y sé quien es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois? (Hech. 19:15). La cuestión es ésta: si de pronto te encuentras con el Demonio, ¿huirá o no?. Está claro que predicar el evangelio también nos exigirá un precio, pero tratar con Satanás requerirá pagar el más alto precio. Aquí no se trata de mensajes o doctrina. Esto exige nuestra práctica, y el precio es sumamente elevado. Si realmente nosotros queremos ser hombres que Dios pueda utilizar para derribar la obra de Satanás y su autoridad, debemos obedecer a Dios completa y absolutamente. Si hacemos cualquier obra, entonces no pasa gran cosa si aún nos reservamos algo de nosotros mismos; pero si tenemos que hacer frente a Satanás, entonces tampoco podemos reservarnos el más mínimo motivo para nosotros mismos. Estudiando las Escrituras, o al predicar el evangelio, o cuando ayudamos a la iglesia o al hermano, tal vez podamos depender un poco de nosotros mismos, pero cuando tratamos con Satanás, tenemos que abandonar por completo nuestro «yo». Jamás derrocaremos a Satanás si nosotros queremos permanecer a salvo.» (...)

(Capítulo 1 del libro «La iglesia gloriosa» de Watchman Nee).

 

CUESTIONARIO

 

1. ¿Quién es la imagen de Dios?
2. ¿Qué significa que el hombre haya sido creado a imagen de Dios?
3. ¿Por qué quiere Dios que el hombre reine?
5. ¿Qué significa que la criatura actúe contra la criatura?
6. ¿Qué se requiere para hacer frente a Satanás?

 


ANEXO N° 2: El eterno propósito de Dios para el hombre

No morir, sino reinar

 

A fin de conocer cuál es el eterno propósito de Dios para el hombre, debemos ir más atrás de la caída en el Edén. Debemos remontarnos a Génesis capítulo 1. En el sexto día de la creación, Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra» (1:26).

Dios creó al hombre a su imagen y conforme a su semejanza. La imagen de Dios es Cristo (Colosenses 1:15). Por tanto el hombre fue creado a imagen de Cristo. Dios amaba eternamente a su Hijo, y creó al hombre para que tuviera la misma imagen de su Hijo, y así tener no sólo a su Hijo Unigénito, sino a muchos hijos, de los cuales su amado Hijo sería el primogénito. (Romanos 8:29). Al crear al hombre, Dios quiso que él fuera como su Hijo; por tanto, la honra y dignidad del hombre es muy grande. Ninguna otra criatura tiene este alto privilegio. Por supuesto, Dios quiere que todas las cosas expresen la gloria de su Hijo, pero ninguna de ellas fue creada a imagen de su Hijo.

El propósito de Dios para el hombre es que éste posea la vida y la gloria de Cristo. Luego de la caída, Dios redimió al hombre por causa de Cristo, para que el propósito de Dios tuviera cumplimiento. La caída del hombre no podía frustrar el propósito de Dios, antes bien, Dios se sirvió de ella para mostrar su maravilloso amor, y la obediencia perfecta de su amado Hijo.

En la redención, el Señor Jesús reconcilia todas las cosas con Dios y también imparte su vida al hombre. A través de su muerte, se liberó la vida divina que estaba escondida en su interior, y el Grano de trigo produjo muchos otros granos que participan de su misma vida.

Dios creó al hombre para satisfacer el corazón de Cristo, para que pueda llegar a ser como Cristo, expresando tanto su vida como su gloria. El hombre fue creado también para que señoreara. Señorear es ejercer señorío, dominio. En el versículo 28 de Génesis 1 dice: «Llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread ...».

El versículo 26 detalla cuál será el ámbito de su señorío. Están «los peces del mar», «las aves de los cielos», «las bestias», «toda la tierra». Parece que ahí termina todo. La expresión «toda la tierra» resume todo lo anterior.
Sin embargo, hay más: «y en todo animal que se arrastra sobre la tierra». ¿A qué se refiere esta expresión, que se agrega a lo ya dicho?

Con ella se menciona a los reptiles, específicamente a la serpiente, en referencia directa al diablo y Satanás. Esta es la serpiente antigua que tentó a Adán y Eva en el huerto, y son las «serpientes y escorpiones y toda la fuerza del enemigo» de Lucas 10:19.

Es que, antes de la creación del hombre Dios tenía un problema. Una criatura, la más hermosa de la creación de Dios –Lucifer– , se había rebelado, y quiso Dios, en su sabiduría, que esta otra criatura –el hombre– tuviera poder y autoridad sobre aquélla. Por causa de que el hombre fue creado a imagen de Cristo, teniendo su vida y su gloria, podría vencerle.
La gloria de Dios es que el hombre –una criatura inferior a los ángeles– venza a Satanás en todo lugar, a causa de la gloria de Cristo que tiene en su interior.

Pero el propósito de Dios va aún más lejos en lo tocante al hombre. El quiere que no sólo tengamos la vida y la gloria de su Hijo, sino que seamos herederos suyos, y coherederos con Cristo. Cuando el Hijo reine sobre todas las cosas – en el Milenio sobre esta tierra y en la eternidad futura– el hombre reinará con Él.

En esta era, Dios está asemejándonos más y más a su amado Hijo. Por medio de las pruebas, aflicciones y diversos tratos, el Padre y el Espíritu Santo están logrando que los creyentes vayamos siendo transformados en la imagen de Cristo. La consumación de este proceso se verificará cuando el Señor Jesús regrese a la tierra y seamos transformados para tener un cuerpo semejante al cuerpo de la gloria suya (Fil. 3:21), y así seamos tal como Él es. (1ª Juan 3:2). Hoy tenemos la vida de Cristo y mañana tendremos –en toda su maravillosa expresión– la gloria de Cristo.

 

El lugar de la iglesia

 

Desde el principio encontramos que el propósito de Dios no sólo incluía a Adán, sino también a su mujer. En Génesis 1:26 debería traducirse, «y señoreen», en directa alusión a Adán y Eva. Lo mismo se confirma en el versículo 28 con las expresiones: «Fructificad, «multiplicaos», «señoread». Luego, antes de la caída (capítulo 2) Eva es creada de la costilla de Adán. Ellos señorean juntos. Adán no podía estar solo.

A la luz de Efesios 5:31-32 Adán representa a Cristo (habiendo sido creado a su imagen) y Eva a la iglesia. De manera que Adán representa al Cristo personal, y Eva representa al Cristo corporativo, es decir, a la iglesia. Es el mismo Cristo (Eva fue tomada enteramente de Adán) pero en otra forma.

Habiendo el Señor Jesucristo vencido a Satanás en la cruz, le infligió una herida mortal de la cual no se puede recuperar nunca. Ahora corresponde al Cristo corporativo – la iglesia – continuar derrotando a Satanás en todo lugar, hasta su encierro en el abismo (Apoc. 20:2-3). En ello toman parte activa los vencedores dentro de la iglesia.

El propósito eterno de Dios para el hombre se cumple gracias a que Cristo le recupera de su caída, le imparte su vida y su gloria, le pone en posición de victoria sobre los enemigos de Dios, y le hace partícipe de su reino sempiterno.
Muchos hijos en la gloria es el propósito de Dios plenamente realizado en la consumación de los siglos. Entonces, la caída será solo un recuerdo que permitirá al hombre ver de dónde le sacó el Señor y cuán deudor es al amado y eterno Hijo de Dios.

(Tomado de «Aguas Vivas» N° 4, p. 23)

 

CUESTIONARIO

 

 

1. ¿Cuál fue el modelo elegido por Dios al momento de crear al hombre?
2. ¿Qué dos cosas ocurrieron en la redención?
3. ¿Cuál era el problema que Dios tenía antes de la creación del hombre? Cómo Dios lo soluciona?
4. ¿Qué otro propósito tiene Dios para el hombre?